ESPAÑA

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¿Tú también estás aburrido?

Por
Chico trabajando en su ordenador, con gesto de cansancio.

Hablo con un cliente, hombre en los cuarenta, bien posicionado en una empresa de tamaño grande y futuro cierto. Y me dice: “todo me aburre”. Me aburre la prensa, el telediario, la forma de trabajar en mi empresa, cada vez con más burocracia orientada solo a salvar la responsabilidad de la cadena. ¿Está en la crisis de los cuarenta?

 

Hablo con una joven, no llega a los treinta. Cumple con la jornada oficial si no contamos las muchas horas a la semana empleadas en sus redes sociales. Tiene muchas posibilidades de subir, por capacidad, por preparación, por necesidades de su empresa. Pero no aprovecha ninguna. Le pregunto, ¿es que piensas quedarte en los 1.000 euros toda la vida? Y la respuesta es clara, ¿ir a más para qué?, ¿para que el incremento se lo lleve Hacienda y mi tiempo y mi vida la empresa? Lo dijo de forma más contundente, pero el resumen era sencillo: mi vida no está aquí, esta fuera. Aquí me aburro. ¿La crisis de los treinta?

 

Éste, un cincuentón. Presenta proyectos y, aunque destaca en su campo, el cliente tarda tres, seis meses, un año, en decirle que adelante. Y detrás de cada pedido una cadena de peticiones de cosas y cosas, todas pequeñas, pero que se comen el margen. Papeles cientos, antes era solo para la Administración, en estos momentos también para las empresas privadas. Y a la hora de pagar, cualquier motivo es bueno para retrasar el ingreso, nadie se niega a hacerlo, pero “es que falta tal certificado”. Me enseña dos documentos. Uno relacionado con la Agencia Tributaria de su comunidad, donde debe firmar en el lugar que dice “sujeto pasivo”. Otro, rebusca, le había tocado mesa electoral. Presentó alegaciones sobradamente justificadas. Le conceden que no vaya, a través de un impreso donde le dicen “hemos aceptado su EXCUSA”. Y me comenta: estos dos papeles simbolizan al país. Eres un sujeto pasivo, es decir, que pueden hacer contigo lo que quieran, y cuando alegas algo, no es que tengas derecho a nada, es que son excusas. ¿Y sabes?, me dice, estoy aburrido, yo me paro. ¿Está en la crisis de los cincuenta?

 

Medio país se está aprovechando de las ganas de hacer del otro medio país. Todo está controlado, siempre te falta algo, lo políticamente correcto impide cualquier libertad de pensamiento, y al final, cada día, gente valiosa, esa que mueve asuntos, crea riqueza, genera empleo auténtico, se está, primero, aburriendo, y, después, desenganchando. Quizás no se vea, quizás no salga en los números de la macroeconomía. Pero cuando alguien quiere hacer algo, y le aburren, ese alguien se para o se frena. Podría crear tres empleos y coge solo a uno, podría invertir mil euros e invierte solo quinientos, podría trabajar cuarenta horas y logra dejarlo en treinta, podría jubilarse a los 60 largos y lo hace a los cincuenta y los pocos que pueda si encuentra ocasión de lograrlo. Y la suma de todos esos impulsos frenados, paraliza a un país de una forma insidiosa.

 

Recuerdo la anécdota de un rey francés, uno de los Luises, que visitó un puerto y allí recibió a los principales navegantes y armadores del mismo. Impresionado por lo que había visto, les dijo, ¿en qué puedo ayudaros? Y la respuesta fue unánime: Majestad, no nos ayudéis, no lo necesitamos. Solo dejadnos hacer.

 

Porque al final, entonces y ahora, la economía de un país se resuelve con gente que quiere hacer y a la que –controlando abusos, qué duda cabe– se la deja hacer.


Con gente que no está aburrida.

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