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MUNDO

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Más riesgos políticos y económicos en 2017

El mundo afronta un año repleto de tensiones políticas que acrecientan las incertidumbres económicas.

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Sobre puerta acristalada, el logo de las Naciones Unidas.

Las empresas con presencia o vocación comercial e inversora internacional deben seguir de cerca una realidad compleja y cambiante. Deben analizar los posibles riesgos, más políticos que económicos, pero también aprovechar las oportunidades valorando los costes de sus operaciones en un determinado país o sector económico.

 

Un informe de “Control Risk” de 12 de diciembre avisa sobre un incremento de los riesgos geopolíticos en 2017. Analiza los niveles de seguridad jurídica, la corrupción, la inestabilidad institucional y social, las sanciones internacionales adoptadas y otros datos de los países del mundo. Los riesgos políticos seguirán siendo extremos en los países fallidos, en guerra o política y socialmente desestabilizados como Siria, Irak, Afganistán, Yemen, República Centroafricana, Somalia. Y en parte del territorio de Pakistán o Sudán. Y serán elevados en otros países africanos, y de nivel medio en varios latinoamericanos y asiáticos.

 

Pero lo más inquietante es que los movimientos tectónicos también pueden sacudir directa o indirectamente al núcleo del capitalismo mundial situado en EEUU y Europa. 2017 empezó con la inesperada irrupción de Donal Trump entronizado el 20 de enero en la Casa Blanca. Y le bastaron unos pocos días para demostrar con hechos contundentes la intención de impulsar, a golpe de decretos y twitters, unas políticas económicas proteccionistas y un repliegue en la política exterior que impactarán en el orden económico mundial liderado desde 1945 precisamente por EEUU. Trump es un impetuoso hombre de negocios, sin experiencia política, que pretende gobernar el país con una visión mercantilista basada en unas relaciones de fuerza que incrementarán las tensiones internas e internacionales.

 

Unos bruscos cambios que anuncian un retorno al proteccionismo comercial y a una fragmentación política, alimentados por la emergencia de liderazgos populistas y oportunistas que defienden unos programas económicos que provocan más incertidumbres. Y hay que contar con la persistente amenaza del terrorismo islamista radical que no desaparecerá, aunque el Estado Islámico sea expulsado de su actual base territorial en Siria e Irak. Los terroristas buscan desestabilizar otros países africanos y asiáticos que cuentan con una nutrida población musulmana. También lo intentarán en Europa a las vísperas de unas contiendas electorales trascendentales en Holanda, Francia y Alemania. Y Vladimir Putin, tras ocupar una parte de Ucrania, seguirá presionando políticamente a los países Bálticos y a otros vecinos de Europa central y oriental.

La economía mundial creció solo un 2,3% en 2016 y según el Banco Mundial, podría hacerlo un 2,7% en 2017. Prevé un repunte económico de EEUU (2,2%), un crecimiento más o menos estable en la UE (1,8%) y China (6,5%) y una salida de la recesión de los grandes países emergentes como Rusia, Brasil, Nigeria y África del Sur, gracias a la recuperación de los precios del petróleo y de otras materias primas. También India y otras economías del sudeste asiático seguirán disfrutando de altos niveles de crecimiento. Pero las instituciones internacionales se muestran cautelosas ante los riesgos antes enumerados que ensombrecen el panorama internacional y pueden obligar a una revisión a la baja de sus previsiones iniciales.

 

La “América First” de Donald Trump

 

Los mercados financieros, tras la derrota de Hillay Clinton, jugaron oportuna e interesadamente la carta Trump. Wall Street celebró con subidas históricas la anunciada bajada de los impuestos, el gigantesco plan de inversiones en infraestructuras, la desreglamentación de los sectores financiero y energético, el impulso de la industria armamentística y otras medidas que beneficiarán principalmente a los grandes grupos financieros y empresariales. También atraerá una parte de los capitales estadounidenses situados en el exterior y a otros de los países avanzados y emergentes. Mucho más si el dólar se aprecia frente al euro y otras divisas extranjeras. Además, la prevista subida de los tipos de interés en EEUU por parte de la Reserva Federal (FED) repercutirá en el precio del dinero y encarecerá la financiación de los países y las empresas más endeudados en dólares, la mayoría de los emergentes y en vías de desarrollo que cobijan a las tres cuartas partes de la población mundial. Trump ansía reducir el elevado déficit comercial de EEUU con China, 347.000 millones de dólares en 2016. También los elevados déficits con la UE (146.300 millones), Japón (68.900 millones) y México (63.200 millones). El déficit comercial se concentra en los intercambios de bienes (750.000 millones). En cambio, la balanza comercial de servicios tiene un superávit de 247.820 millones. Pero una subida del dólar penalizará las exportaciones estadounidenses. Y si Trump sube los aranceles a los productos chinos, europeos o mejicanos provocará a su vez una reacción exterior de patriotismo económico contra el “América First”. Y atención a una posible guerra de divisas.

 

La economía de EEUU, tras crecer un 1,6% en 2016, el menor ritmo desde 2011, se relanzará en 2017. Pero, a medio y largo plazo, también se verá afectada por las políticas proteccionistas e aislacionistas que alterarán el vigente sistema internacional. La luna de miel entre Trump y Wall Street no se alargará en el tiempo. Algunas polémicas iniciativas proteccionistas, como la cerrada política migratoria, alertaron a una parte influyente de las grandes empresas estadounidenses, entre ellas las de Silicon Valey. Y el conflictivo modus operandi de Trump, inmiscuyéndose directamente en las estrategias de la empresas multinacionales, repulsa la tradición económica liberal y perturba los grandes intereses de aquellas en los mercados exteriores. El soft power, la imagen del país en el exterior, quedó dañada. Y los muros que levantará Trump pueden provocar que sea EEUU quien quede demasiado encerrado y aislado a los ojos del mundo.

 

El año del gallo en China

El presidente Xi Jinping envió el 17 de enero en el Foro Económico Mundial de Davos un mensaje directo a la elite capitalista mundial: China seguirá apostando por una globalización que considera irreversible pero que deberá reequilibrarse y adaptarse al nuevo orden internacional. El mundo al revés. EEUU pregona el proteccionismo comercial y deja de asumir sus altas responsabilidades internacionales. En cambio China, liderada por un Partido Comunista, defiende el libre comercio, la lucha contra el calentamiento global y reforzará su liderazgo regional y mundial. El 23 de enero, Trump ofreció a Xi Jinping un valioso regalo para celebrar el año del gallo: enterró el Acuerdo Transpacífico (TPP) que EEUU, Japón y otros diez socios de Asia-Pacífico habían firmado en febrero de 2015. Un grave error geoestratégico que facilitará la penetración económica china en toda la región. Pekín impulsará nuevos acuerdos regionales y bilaterales, potenciará el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructuras (AIIB) y la Banca de Desarrollo BRICS y cofinanciará las nuevas Rutas de la Seda para conectar China con sus vecinos asiáticos y con Europa a través de Asia central. E incentivará una mayor cooperación con África y América Latina, recelosas con la manifiesta prepotencia de Trump.

 

Sin embargo, China afronta riesgos económicos y financieros que podrían acrecentarse si estalla un conflicto comercial con EEUU y por los efectos negativos de la subida de los tipos de interés por el FED. Las salidas netas de capitales de China inducidas por la subida del dólar ante el yuan alcanzaron los 725.000 millones de dólares en 2016, 50.000 más que en 2015. La economía china evitó un aterrizaje brusco y creció otro 6,7% en 2016. Pero el precio pagado es elevado. Las medidas de estímulo del Banco Central Chino impulsan la inversión, especialmente en infraestructuras, pero el aumento del crédito aún dopa el sector inmobiliario. E incrementaron un endeudamiento público y privado, que supera el 250% del PIB chino, que tensiona el sector financiero. En 2008 era el 141%. Las reservas de divisas cayeron desde los 4 billones en junio de 2014 hasta los 3 billones de dólares el pasado febrero y el yuan se depreció casi un 7% frente al dólar en 2016. Además, las exportaciones recularon un 7,7% y las importaciones un 5,5% aunque China mantiene un excedente comercial cifrado en 480.000 millones de euros. Influye la menor demanda mundial y una pérdida de competitividad debido al alza de los costes de la producción, los laborales en particular. China aún depende del sector exterior porque el consumo interior sube, pero menos de lo esperado. Pekín precisa mantener los actuales niveles de crecimiento y evitar el descontento social cuando se acerca el 19º Congreso del Partido Comunista Chino que en otoño renovará su cúpula dirigente y marcará los grandes objetivos y prioridades para el próximo quinquenio.

 

El “brexit” fragilizará Gran Bretaña

El inesperado resultado del referéndum del 23 de junio de 2016 golpeó duramente a una UE sumida en una profunda crisis política. El proceso del divorcio se puso en marcha una vez las Cámaras de los Comunes y los Lores, aprobaron por una amplia mayoría, el 8 y 20 de febrero, la ley que ratificaba el “Brexit” y dio luz verde a Theresa May para activar, antes del 31 de marzo, el artículo 50 del Tratado de Lisboa. May presentó el 2 de febrero el Libro Blanco sobre el Brexit, un ambicioso catálogo de objetivos y prioridades de las negociaciones. El documento confirmó la salida del mercado único y de la unión aduanera. Y como alternativa, propuso concluir un amplio y generoso acuerdo de libre comercio con la UE-27, en materia de bienes y servicios. Pero ningún compromiso concreto sobre la libre circulación de las personas y, en particular, sobre las condiciones en que quedan los 2.800.000 ciudadanos europeos legalmente residentes en las Islas. Otro difícil reto de May es lograr preservar el poder financiero de la City de Londres que, en principio, perderá el pasaporte europeo para operar en la UE. Frankfurt y París ambicionan atraer a una parte de las entidades y dirigentes que podría dejar el centro financiero de Londres. Y Bruselas reclamará a Londres hasta unos 60.000 millones de euros como compensación por divorciarse de la UE. El Brexit significará un sobresalto para la estabilidad presupuestaria de la UE.

 

Las negociaciones serán largas y durísimas. Y mientras no se alcance un acuerdo final sobre las condiciones financieras de un divorcio, que difícilmente será amistoso, Gran Bretaña seguirá siendo oficialmente miembro de la UE, deberá respetar las reglas europeas, ser leal y abstenerse de toda medida que pueda perjudicar los objetivos de la UE. Londres no puede negociar “formalmente” con terceros hasta que esté fuera de la UE. Pero será difícil que Bruselas pueda controlar los movimientos “informales” de Londres. Theresa May se reunió el 27 de enero con Donald Trump para tejer una relación especial con EEUU. Pero aquella no debería fiarse demasiado de un presidente proteccionista que defenderá a capa y espada su “América First” y usará su enorme músculo comercial para lograr imponer sus condiciones en las negociaciones del futuro Acuerdo de libre comercio entre Washington y Londres. Gran Bretaña, que es la quinta economía mundial con un mercado de solo 65 millones de consumidores, deberá ceder más de lo previsto ante la primera potencia mundial con un PIB siete veces superior. Su posición negociadora internacional quedará muy debilitada fuera de la UE. Cuando May viajó a India en 2016 pudo comprobar que Nueva Delhi prioriza las relaciones con la UE y sobre todo con Alemania, su principal socio comercial europeo. Lo mismo le ocurrirá con China y Japón.

 

La economía británica reaccionó, tras el Brexit, mejor de lo esperado y el PIB creció un 2% en 2016 gracias a un dinámico consumo interior. Y para 2017 el Banco de Inglaterra pronostica otro 2%. Pero una vez iniciado el proceso de salida de la UE, el panorama se complicará. Las incertidumbres frenarán el consumo y la inversión, mientras crece la inflación. Y una libra débil podría encarecer la factura energética. Pero nadie sabe con certeza que pasará. En todo caso, muchas empresas multinacionales, como las del sector automovilístico, que en su día se instalaron en las Islas para acceder sin barreras al mercado europeo, temen los posibles efectos del Brexit y congelan sus inversiones. Gran Bretaña ha hecho una arriesgada apuesta saliendo de un enorme y cercano mercado que hoy absorbe el 46% de sus exportaciones de bienes y servicios.

 

La UE debe reaccionar ante Trump

De las embestidas de Trump no se libra ni la UE que aquel considera un mero instrumento al servicio de los intereses económicos de Alemania. Las críticas contra Ángela Merkel y sobre la viabilidad futura del euro son improcedentes e injustificadas. Y su entusiasta apoyo al Brexit y a otros países europeos dispuestos a fragmentar la UE es políticamente inaceptable. Y las conexiones especiales con Vladimir Putin refuerzan unas ambiciones expansivas rusas que fragilizan Europa y a la OTAN. Y favorecen los movimientos populistas y anti europeístas que ambicionan llegar al poder en las contiendas electorales que en 2017 se celebrarán en Holanda, Francia y Alemania. Un marco inquietante que llevó al presidente del Consejo Europeo Donald Tusk a definir la nueva Administración Trump como una amenaza exterior para la UE. Tusk remarcó en la cumbre europea del 3 de febrero en Malta que la desintegración de la UE no conducirá a una restauración de las respectivas soberanías nacionales sino a una mayor dependencia en favor de EEUU, Rusia y China. La cumbre del 25 de marzo en Roma, con ocasión del 60º aniversario del tratado fundador, es una buena ocasión para intentar relanzar la UE bajo la batuta del eje franco-alemán.

 

Según Eurostat, el PIB de la zona euro creció un 1,7% en 2016. Pero pronto sufrirá los efectos de la agenda proteccionista de EEUU, su principal socio comercial. Y mucho más si algunas empresas estadounidenses instaladas en el viejo continente retornan a EEUU. Y deberá afrontar el retorno de una inflación que sube más que los salarios, alimentada por el alza de los precios energéticos que puede penalizar el poder adquisitivo de los europeos. El Banco Central Europeo seguirá comprando deuda pública y privada de los Estados miembros. Pero no podrá seguir haciéndolo a los niveles actuales. La media de endeudamiento de la zona euro es un 90,1% del PIB. Las más altas son 180% en Grecia y el 134% en Italia y Portugal. Y alcanza el 97,5% en Francia, el 70% en Alemania, 31,5 en Luxemburgo y solo el 9,6% en Estonia.

 

Pero el tsunami Trump es una gran oportunidad para Europa. La UE debe reaccionar renovando esfuerzos para retomar el proyecto común europeo para defender los valores democráticos, económicos y sociales que definen el modelo europeo. Y debe abrirse más a otras regiones para llenar el vacío que pueda dejar EEUU, sobre todo en Asia-Pacífico y América Latina. El vergonzoso muro que Trump proyecta construir en la frontera con México también es una barrera que ofende a los demás países latinoamericanos. Bruselas debería acelerar las negociaciones para firmar nuevos acuerdos comerciales con México, Mercosur y otros países de la región. También para redefinir las relaciones con el mundo musulmán indignado con un Trump que cierra las puertas de EEUU a los ciudadanos de siete países de mayoría musulmana. Y relanzar la Unión para el Mediterráneo, principalmente las relaciones con el Magreb. Además, tras el entierro del TPP, Bruselas debe impulsar las negociaciones de los Acuerdos de libre comercio con Japón, India y otros países de Asia-Pacífico como Australia y Nueva Zelanda. Y avanzar hacia la firma de un Acuerdo sobre Comercio e Inversiones con China. La crisis de las relaciones transatlánticas favorece una mayor cooperación china con la UE y con Berlín en especial. China se convirtió en 2016 en el primer socio comercial de Alemania, desbancando a EEUU que cayó al tercer lugar tras Francia.

 

La ciberseguridad deviene prioritaria

Un informe de “Control Risk” insiste en los peligrosos riesgos ligados a la irrupción de los ciberataques que perjudican a las grandes empresas multinacionales, pero también a las pymes, los sectores profesionales y los particulares. Inquietan las actividades de una sofisticada ciberdelincuencia que logra hacerse con información sensible empresarial, como planes estratégicos y los derechos de la propiedad industrial e intelectual. No se libran ni el sector financiero, incluyendo Wall Street ni los gigantes tecnológicos de Silicon Valley. Las guerras económicas y comerciales se canalizarán a través de unas redes, cada vez más inestables y difíciles de controlar, donde actúan los hackers al servicio de algunos Estados, empresas o particulares ávidos de enriquecerse a costa de los demás. Rusia es muy activa en utilizar el ciberespacio para sus fines políticos y económicos. Es un riesgo que se expande con el uso de los centenares de millones de smarphones que acumulan todo tipo de informaciones empresariales y personales. La inversión en ciberseguridad deviene prioritaria para que las instituciones públicas y privadas tomen decisiones estratégicas y las medidas necesarias para afrontar las crecientes amenazas políticas, cibernéticas y terroristas.

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