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MUNDO

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Las elecciones presidenciales en Estados Unidos

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Seguidores de Donald Trump con carteles de apoyo a su candidato.

En vísperas de celebrarse las Convenciones de los partidos demócratas y republicano, a finales del mes de julio, los votantes, a través de las primarias y caucus ya han mostrado sus preferencias. Los republicanos que han votado, han elegido a Donald Trump, por quien nadie apostaba como ganador al inicio de las votaciones. Con insultos, descalificaciones, diciendo lo que muchos quieren escuchar de manera “políticamente incorrecta” y utilizando la demagogia y a los medios de comunicación como altavoces, Trump se ha impuesto a otros 16 candidatos-políticos profesionales, con la excepción de Carly Fiorina y Ben Carson. Muchos –excepto la familia Bush– que se le opusieron, ahora no tienen más remedio que apoyarle y pedir el voto para él y los dineros para financiar su campaña, aunque tengan que taparse la nariz, como suele decirse comúnmente.

 

Trump ha ganado a sus rivales republicanos del aparato del partido por una abrumadora mayoría, llamando a Bush “tortuga” por ser premioso (lento) en el hablar; insultando a un periodista por ser discapacitado y a otro por ser hispano. Ha arrasado diciendo que acabará con ISIS de un plumazo y sugiriendo que Obama podría ser un radical islámico; que levantará un muro con México –que habrá de pagar México–, que deportará a once millones de mexicanos (en realidad quiere decir hispanos o latinos, pero Trump no atiende a matices y no distingue entre ecuatorianos, colombianos o guatemaltecos: para él, todos los hispanos, somos mexicanos y, por cierto “asesinos, traficantes de drogas y violadores”). No tiene el apoyo latino.

 

Tampoco el de los musulmanes, a quienes dice va a prohibir la entrada en el país. Los afroamericanos, a falta de un candidato negro, se lanzan en masa (88%) en brazos de Clinton: a su marido se le denominó “el primer presidente negro de la historia”. Los asiáticos se sienten amenazados por Trump y las mujeres (51% del electorado total) le desprecian, dados sus comentarios despectivos e insultantes hacia ellas. La inmensa mayoría de católicos ve en él un impostor, al igual que evangélicos, protestantes y mormones. La cuestión religiosa no está de su parte, porque ha cambiado cinco veces su postura sobre el aborto y ahora no se sabe lo que piensa, excepto que “de alguna manera hay que castigar a la mujer que aborta”. Por tanto, Trump ha alienado a las mujeres (51% del electorado), a los cristianos y musulmanes, a los afroamericanos (12% del electorado), los asiáticos (8%) y los hispanos (13%). No parece que tenga muchos amigos, algo de lo que él saca pecho. Para él, lo importante es ganar –dice– sin importar los medios; es decir, el fin justifica los medios, según Trump.

 

Los judíos están divididos. Los de rentas más altas (Wall Street, Hollywood) son progresistas y liberales y apoyan y financian a Hillary. Los demás tienen el corazón y la mente divididos entre sus convicciones –no son las de Trump– y su promesa de proteger Israel y destrozar ISIS y a los enemigos de los judíos.

 

¿Con qué o quién se queda Trump? Con el 35% del electorado blanco más radicalmente conservador. Personas extremistas que, hasta ahora no habían ido a votar. Gentes sin trabajo a quienes Trump promete empleos de calidad que traerá de China, amenazando, de paso, con romper los tratados de libre comercio firmados por Estados Unidos (NAFTA, Asia Pacífico, el futuro TTIP con Europa, etc.). La lógica, la estadística, las matemáticas, el sentido común dicen que con un 35% ningún candidato ha conseguido ser presidente. Sin embargo, las encuestas preelectorales dicen que, si bien hace seis meses Clinton ganaba a Trump por 20 puntos, ahora, en julio, lo hace por un exiguo 2%. ¿Cómo es posible esto? Porque las encuestas muestran que el electorado tradicional republicano, aunque no quiera a Trump (primero) ama aún menos a Hillary y (segundo) no tienen alternativa: es Trump o la nada. ¡Peor aún, Trump… o Clinton!

 

Hillary goza del apoyo de las mujeres mayores de 45 años. Hasta hace poco las más jóvencitas apoyaban a Sanders. Veremos si en la Convención demócrata Sanders “presta” su electorado a Clinton. Si así fuere, Hillary contaría con el voto mayoritario joven, muy numeroso en esta ocasión. Y con el voto hispano, negro, asiático, blancos de clase media, trabajadores afiliados a sindicatos. No se llevará un solo voto evangélico, pero quizá sí el 50% del electorado católico (hay 80 millones de católicos en Norteamérica), por cuestiones sociales. Es cierto que Hillary no cae bien, que es vista como “mentirosa, deshonesta y aburrida”, según las encuestas. Pero a Trump se le percibe todavía peor por haber insultado a todo colectivo que exista, excepto al lobby judío, de quien necesita financiación. De hecho, AIPAC financiará a ambos candidatos. ¿Quién ganará? No tenemos bola de cristal, sino encuestas, y éstas, hoy, dicen que Hillary será la primera mujer presidenta de Norteamérica.

 

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