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MUNDO

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La nueva normalidad económica: estancamiento

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Mapa del mundo sobre un gráfico, con flechas que indican crecimiento estancamiento y decrecimiento.

¿Qué tienen en común Ben Bernanke, Timothy Geithner, Carmen Reinhart, Kenneth Rogoff, Paul Krugman, Joseph Stiglitz, Jeffrey Sachs, Robert Gordon, Mohamed A. El-Erian, Michael Spence, Mervyn King, Piketty y Larry Summers? Un denominador común es que todos son economistas de prestigio internacional. Otro es que todos han publicado obras de economía de gran importancia, especialmente este año 2016.

 

Unos han sido presidentes de bancos centrales y otros premios nobeles. Y todos, aún desde distintos puntos de vista, coinciden en que la economía mundial va a vivir, cuando menos, una década de estancamiento económico: bajo crecimiento del PIB, poca o nula creación de empleo, apenas inflación –más bien, cerca de la deflación–, deterioro del comercio mundial, descenso de la fabricación y la manufactura, aumento de las desigualdades sociales, falta de demanda, a pesar del exceso de oferta, tendencia al ahorro en vez de al consumo, elevados déficit públicos y falta de inversión por parte de los Gobiernos. Y, todo ello, en un contexto en el que, por un lado, los aumentos de productividad –gracias a las Tecnologías de la Información– van a ser modestos, la población de Occidente estará cada vez más envejecida, con todo lo que esto supone desde el punto de vista económico –mantenimiento del estado del bienestar– y los países emergentes que –como Brasil o Rusia–, entre otros, han caído en la recesión, tardarán muchos años en resurgir. Japón seguirá, por tercera vez consecutiva, con una llamada “década económica perdida” y China continuará desacelerándose, fruto del deterioro del comercio mundial. Estados Unidos seguirá creciendo, pero muy por debajo de su potencial y la Unión Europea, en peligro por el Brexit y otras amenazas, luchará por crecer por encima del 0% en PIB y por su supervivencia.

 

Parece que el panorama es poco alentador. Pero es realista. Y, por ello, hemos acudido al testimonio de todos estos economistas, que han escrito recientemente –este mismo año 2016– obras en que explican en detalle lo que yo no he hecho sino enunciar. Diría, casi de manera anecdótica que el mundo mira a Estados Unidos (25% del PIB global) como la única esperanza para actuar de motor y revulsivo. El semanario The Economist (23-29 de abril, 2016) titula: “Could she fix it? Hillary Clinton and the American economy”, pensando que, con ella, podrían volver los tiempos de fuerte generación de riqueza y empleo de los años noventa, cuando fue presidente su marido, Bill Clinton.

 

En The End of Alchemy: Money, Banking, and the Future of the Global Economy (2016), Mervyn King (ex gobernador del Banco de Inglaterra) sostiene que los bancos centrales, con la compra de deuda y los programas de Quantitative Easing, ya han hecho todo lo que podían hacer para estimular el crecimiento: es hora de que los Gobiernos inviertan. El propio Fondo Monetario Internacional no ha tenido reparo en pasar de defender las políticas de austeridad, durante una década, a pedir inversión pública estatal. Tesis parecidas sostienen Ben Bernanke, ex presidente de la Reserva Federal, en The FED and the response to the financial crisis (2014) y en The courage to act: a memoir of a crisis and its aftermath (2016); y Tim Geithner (ex presidente de la Reserva Federal de Nueva York y Secretario del Tesoro en el primer gobierno de Obama) en Stress Test (2015).

 

Robert Gordon explica que, tras los fuertes incrementos de productividad experimentados entre 1870 y 1970, ha venido otra época parecida protagonizada por las Tecnologías de la Información, pero que el ciclo incremental se ha acabado (The Rise and Fall of American Growth, 2016), debido a la falta de demanda que contrae la producción.

 

Paul Krugman (End this Depression now!) Piketty (Capital) y Joseph Stiglitz (The price of inequality), todos liberales (progresistas) y premios nobeles de Economía, defienden que la disparidad de ingresos entre ricos y pobres –que no deja de aumentar– es la causa del estancamiento económico que vamos a vivir a partir de ahora, debido a la falta de demanda.

 

Y Kenneth Rogoff y su colega Carmen Reinhart (This time is different) sostienen que la causa de todos los males son los déficits públicos. Es tan elevada la ratio de déficit público en relación al PIB en todo el mundo, que va a costar mucho salir de esta nueva normalidad caracterizada por el estancamiento económico.

 

Mohamed A. El-Erian uno de los economistas gurús de moda en este momento (ex Pimco y ahora economista jefe de una gran aseguradora) sostiene que “rodeados de un crecimiento anémico, altos ratios de desempleo, crecientes desigualdades, aumento de inestabilidad financiera y tensiones sociales al alza, el pesimismo sobre nuestro futuro económico abunda” (The Only Game in Town: Central Banks, Instability, and Avoiding the Next Collapse, 2016).

 

Es lo que Larry Summers (presidente emérito de Harvard, ex Secretario de Tesoro y ex Director del Consejo Económico Nacional del presidente Obama) ha denominado The age of secular Stagnation (2016): baja inflación y flojo crecimiento económico.

 

No es menester poner en duda las tesis de todos estos famosos economistas. Más bien sugiero tomar nota para que cada cual (gobiernos, familias, individuos) seamos precavidos y tomemos las decisiones más acertadas en lo financiero y en lo económico.

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