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ESPAÑA

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¿Gastar en armamento o en salvar vidas?

Solo España puede erradicar la muerte infantil del mundo por 4 décadas con lo que se gasta en 1 submarino militar.

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A día de hoy, y desde 1997, en España nos hemos gastado 30.000 millones de euros en armamento militar, lo que conlleva unas deudas actuales para las arcas del Estado de 21.400 millones de euros que deberá acarrear el próximo ejecutivo en la siguiente legislatura. Ya que como país –gracias en gran parte a la gestión del ministro de Defensa en funciones, ex directivo de una de las grandes empresas armamentísticas españolas, y bajo el beneplácito del presidente de Gobierno de turno–, tenemos pendiente el pago de 1.764 efectivos entre carros de combate, aviones, misiles, submarinos, cazas, aviones de transporte o fragatas y buques. Armamento que según los analistas militares tienen nulo valor estratégico y que se han adquirido por su capacidad “disuasoria”.

 

Pero (i)lógica militar a parte, cabe apuntar el valor de estos efectivos por unidad. Veamos: un avión Eurofighter 2000 cuesta 145 millones de euros, un tanque Leopard cuesta 10 millones de euros, un misil Taurus cuesta 1,4 millones de euros, un helicóptero Tigre cuesta 63 millones de euros, un submarino S-80 cuesta 533 millones de euros, un barco de guerra cuesta 355 millones de euros y una Fragata F-105 cuesta 145 millones de euros. Y a partir de aquí, solo toca llenar la cesta de la compra.

 

Esta realidad contrasta con el dato objetivo de que cada día mueren en el mundo 17.000 niños por causas evitables según UNICEF (organismo de Naciones Unidas), de los cuales 10.000 muertes diarias están directamente relacionadas con el hambre por desnutrición aguda. Es decir, una tasa de mortalidad flagrante que provocaría que en una sola semana no quedara ningún habitante vivo en una capital de provincia como Tarragona, que en solo 2 meses no quedara nadie en Sevilla, o que en 5 meses no quedara ningún habitante en Barcelona ciudad.

 

La parte positiva, es que con tan solo 12 euros se puede salvar de la muerte segura a 3 niños por desnutrición severa. Lo que significa que si España dedicase su gasto de la compra de un solo submarino S-80 a luchar contra la desnutrición aguda infantil, salvaríamos la vida de 133.250 millones de niños, o lo que es lo mismo, erradicaríamos del mundo la muerte por hambre infantil durante 13.325 días, que representa la no friolera cifra de 36,5 años, casi 4 décadas. ¿No es esta una mejor y mayor eficaz política de cooperación al desarrollo internacional, en lugar de gastarnos el dinero de los contribuyentes en un recurso público que no necesitamos y del que solo se beneficia la industria privada armamentística?

 

Lo que queda claro a estas alturas de la película es que, realmente, a los contribuyentes de cualquier país occidental salvar vidas nos sale muy barato, mientras que matar vidas nos sale muy caro. Pero como todo en esta vida, lo barato aunque aporte la paz y la defensa de los derechos humanos no interesa al no generar dividendos privados. Pues el capital mira por sus saldos financieros positivos, que en una distorsionada y enfermiza economía de mercado global se contrapone de frente con la posibilidad de generar saldos sociales y humanitarios positivos a nivel global.

 

No obstante, no tenemos que perder de vista que esta manera de hacer “política internacional”, que conlleva perdurar las desigualdades y la injusticia social en el mundo, se financia con dinero público, es decir, con dinero de todos. Y que quienes gestionan este dinero, con independencia de sus intereses y sus visiones partidistas y clasistas del mundo –donde unos tienen derecho a vivir, y otros no– son ciudadanos de carne y huesos como el resto de mortales que pueden ser elegidos o reprobados de su función pública mediante procesos electorales periódicos en las sociedades democráticas. Así pues, dejémonos de hipocresías, pues en nuestro voto se refleja el nivel de conciencia y de desarrollo humano de nuestras sociedades.

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