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CLAVES

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Emprendedor, ¿cuál es tu principal activo?

Por
2 Piezas de ajedrez en blanco y negro.

Es muy común que cuando tomamos la firme decisión de emprender un proyecto empresarial hagamos todo tipo de cursos técnicos (Lean Canvas, elaboración planes de negocio, contabilidad / finanzas, marketing, ventas…).

 

Aquellos emprendedores más “avezados” se atreven con algún curso de habilidades no técnicas (gestión del tiempo, oratoria, liderazgo, negociación…).

 

Pero muy pocos, o casi nadie, incluye entre sus soft skills el desarrollo de su inteligencia emocional, a pesar de ser una habilidad cada vez más necesaria para impulsar nuestros resultados.

 

¿Y por qué necesitamos incorporar con urgencia esta habilidad a nuestra caja de herramientas?

 

Pues porque no hay fórmulas mágicas para el éxito y, para más inri, éste tarda en llegar habitualmente más de lo previsto o deseado.

 

Desde mi perspectiva, los modelos teóricos de cualquier habilidad técnica o no técnica están diseñados para funcionar en contextos “ideales”, donde todo funciona y todo el mundo actúa de forma correcta.

 

Pero la realidad no es así de perfecta.

 

El comportamiento de las personas, a lo largo de una jornada o de un proyecto, es complejo y no siempre actúan según lo previsto o como ellas mismas dicen que van a actuar.

 

Eso nos puede desorientar, desanimar, desmotivar, descolocar y entrar en una especie de montaña rusa emocional donde se mezclan todo tipo de sensaciones, sentimientos y pensamientos.

 

Un día me puedo sentir “todopoderoso”, confiar en la gente y visualizar un éxito ilimitado. Y al día siguiente creo que la empresa va al declive, que la gente no es de fiar y ya visualizo el cierre o concurso de acreedores de mi empresa.

 

Si a esto le añadimos todo el estrés y la presión a la que estamos sometidos por los resultados, junto a otros problemas que surgen y con los que no contábamos, se puede convertir en una auténtica pesadilla por muchos conocimientos técnicos y habilidades de gestión que tengamos.

 

Porque casi es más fácil saber lo que no hay que hacer que lo que sí hay que hacer. Y aún haciendo las cosas más adecuadas nada te garantiza tu éxito.

 

Es cuestión de paciencia, perseverancia, flexibilidad, creatividad, adaptabilidad, tiempo… ¡y un buen colchón financiero!

 

Por todo ello, y sin ser la panacea, una de las mejores herramientas que nos va a permitir soportar toda este torbellino de pensamientos y emociones que nos tensan es, precisamente, la inteligencia emocional.

 

Al menos a mí me ha sido de mucha utilidad, ¿sabes por qué?

 

Porque por muy lógicos y analíticos que nos creamos tenemos también un cerebro emocional perfectamente imbricado y conectado con nuestra parte racional.

 

Y no hay pensamiento, decisión o comportamiento en el que no intervenga, por muy sutil que sea, el componente emocional.

 

Además, la inteligencia emocional está avalada y respaldada por varios modelos científicos, siendo el que a mí más me gusta (y el que cuenta con mayor apoyo científico) el de Peter Salovey y John Mayer.

 

No ha sido muy actualizado desde su creación (1997) pero es un modelo de habilidades muy claro, bien estructurado, que bien llevado a la práctica te permite desarrollar fuertemente tu autoconsciencia, autoconocimiento, uso, comprensión y regulación de pensamiento y emoción.

 

Ello te permite, en no mucho tiempo, conseguir un equilibrio emocional que te lleva a tomar decisiones más inteligentes, y a poder “desconectar” y dormir por la noche sin necesidad de fármacos (librándote de sus perniciosos efectos secundarios).

 

No digo que no sea necesario tomar algún ansiolítico en momentos de crisis por prescripción médica (yo lo he hecho), pero la práctica y desarrollo de tu inteligencia emocional te permite, precisamente, evitar llegar a esos puntos de ansiedad extrema.

 

Para más información sobre el beneficio de las competencias emocionales y cómo adquirirlas, puedes leer el libro “La Palanca del Éxito, SL: activa tu inteligencia emocional y relánzate” (Kolima, 2016).

 

Es la historia de un emprendedor que vive una transformación inspiradora con la ayuda de algo con lo que a todo emprendedor nos gustaría contar: un mentor que aparece, como por arte de magia, cuando más lo necesitas.

 

Y es que en la vida en general, pero sobretodo en el mundo del emprendedor, somos nuestro principal activo, aunque muchos profesionales pierden de vista este dato y creen que su principal activo es su ordenador, su software, su producto o su servicio.

 

Sin embargo, si tú no estás bien física, mental y, sobre todo, emocionalmente, todo lo demás se va al garete.

 

Y al revés, cuando predominan en ti las emociones positivas (calma, serenidad, orgullo, alegría, entusiasmo) tienes más posibilidades de hacer bien tu trabajo, cometer menos errores, pensar con mayor claridad, tomar mejores decisiones y afrontar mejor los inevitables problemas del día a día.

 

Conseguir mantenerse más tiempo en estados emocionales productivos depende, en gran medida, del adecuado entrenamiento de competencias emocionales.

 

Y tú, ¿eres tu principal activo?

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