CLAVES

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¿Cuántas identidades digitales tienes en Internet?

Por
Manos femeninas escribiendo en el teclado.

Si has leído el título de este artículo, te reto a que abras Google Chrome en modo de ventana incógnito y busques tu nombre en la red. Te darás cuenta de cuantos resultados aparecen ya de ti, aunque sea de manera involuntaria. Seguramente saldrá tu perfil de Facebook, Twitter, Google+, Youtube, pero también pueden salir tus deudas, tu solicitud de becas… Vamos dejando una huella digital que no siempre es fácil borrar; especialmente, en casos legales o en casos de fallecimiento, donde este “borrado” toma otra dimensión. Tampoco entraremos en detalle en la industria que está creciendo en torno a este olvido digital (en este artículo lo explican muy bien).

 

Hoy quiero hablar de olvido por despiste.

 

¿Qué pasa cuando nos olvidamos de una contraseña?

 

O más aún, ¿cuando olvidamos que hemos creado una cuenta en algún lugar y ni por asomo nos acordamos de ello? Lo más fácil, y lo más habitual, es crear una nueva cuenta. Esto conlleva la duplicación o triplicación de nuestros perfiles en los diferentes canales que podamos utilizar. Con la consiguiente duplicación de información a la que estamos expuestos a recibir, ya que muchas páginas no detectan perfiles duplicados.

 

La gestión de información es una asignatura pendiente en nuestra adquirida vida digital. Y es, además, una obligación que debemos inculcar especialmente a los nativos digitales, que se desenvuelven en los medios online como peces en el agua y a los que no les da ninguna pereza crear tantas direcciones de email como veces han olvidado sus contraseñas.

 

La automatización facilita la vida pero, al tiempo que debilita la memoria, nos exige ser más cuidadosos con nuestros datos personales.

 

Aunque parezcan consejos obvios, nos daremos cuenta de que el día a día nos absorbe tanto que acabamos utilizando las mismas contraseñas en todos nuestros accesos y que confiamos en nuestra memoria a la hora de recordar dónde nos hemos dado de alta. Os demostraré por qué no es tan fácil acordarnos de todo.

 

Tomando unos datos de la media de uso de Internet en EEUU, según Nielsen, una persona suele pasar dos horas al mes haciendo búsquedas en Google, visitando unas 2.400 páginas de entre 96 dominios. Ahora pensemos en nuestro día a día:

 

– Abrimos el correo y revisamos los emails pendientes.

– Leemos varios periódicos online.

– Accedemos a las cuentas bancarias.

– Llegamos al trabajo y encendemos la sesión del ordenador y del servidor.

– Entramos en el programa de gestión de proyectos.

– Abrimos el correo del trabajo.

– Nuestra sesión en la intranet.

– Las cuentas de Twitter, Facebook e Instagram.

– Ponemos música en Spotify pero como lo está usando nuestro partenaire, abrimos la cuenta de Deezer.

– Bajamos una app para editar fotos en el móvil.

– Entramos en el Gmail corporativo para comprobar nuestra ficha en Google My Business.

– Aprovechamos el descanso para hacer unas compras en Privalia y seleccionar la serie que veremos por la noche en Netflix.

– Nuestro jefe nos encarga que hagamos la compra online del café en Nespresso y también en el súper.

– Nos apuntamos a un webinar gratuito, descargamos un ebook y nos registramos en una nueva herramienta para nuestro trabajo.

– Cuando llegamos a casa rellenamos una solicitud en una plataforma online para presupuestar la reparación de una humedad, pedimos hora para pasar la ITV y, cuando los niños están durmiendo, en el sofá, reservamos nuestras inminentes vacaciones.

 

He perdido la cuenta de cuantas actividades hacemos al día que requieren contraseñas, log in y log out. Como le hemos dado a recordar la contraseña en la mayoría de ellas, seguramente en unos meses no nos acordaremos de algunas de ellas. Podría seguir enumerando actividades, y no terminaría.

 

Seguramente, muchos de nosotros recordamos el teléfono de casa de nuestros abuelos y de los amigos de la infancia, incluso las matrícula de los coches que tenían nuestros padres. Ahora, a mi madre le cuesta recordar mi móvil, y ya no espero que recuerde la matrícula de mi coche.

 

¿Qué ha pasado durante estos años? La respuesta es fácil: saturación de información.

 

¿Qué podemos hacer para solucionarlo? Os comparto 5 consejos muy fáciles de poner en práctica.

 

1. Intentar tener una dirección de email personal y una de trabajo.

2. Si hemos creado varias cuentas, intentar recuperar el acceso a ellas y, si no la utilizamos, borrar la cuenta. Con ella, borraremos los perfiles que hayamos creado por equivocación en Google+. Aunque la deshabilitemos, nuestro nombre de usuario no estará libre. Lo dice Google aquí. También puedes consultar información en la red sobre cómo cerrar tus antiguas cuentas de Hotmail o utilizar el Yahoo Key Account, que elimina contraseñas y centraliza toda la autentificación en el móvil.

3. Crea un documento maestro donde registres todas tus cuentas activas. Agrúpalas por categorías para encontrarlas más rápidamente.

4. Educa a los pequeños a tener responsabilidad con su huella digital. Enséñales los recursos que tienen para organizar la información y también para recuperar contraseñas.

5. Las personas mayores que acceden por primera vez a Internet también se encontrarán en situaciones similares. Si tienes a tu alrededor generaciones de abuelos 2.0, explícales la necesidad de estructurar bien su información personal. En este post encontrarás también información de interés sobre redes sociales y tercera edad.

 

Si te ha gustado este artículo y crees que puedes ponerlo en práctica, ¡empieza ahora! Compártelo con tu familia, tus amigos y tus compañeros de trabajo. Seguro que habrá más de uno que se sienta identificado. 

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