ESTRATEGIAS

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4 Motivos por los que se extingue un trabajador

Por
Figura sin cabeza ante su mesa de trabajo.

No dejo de sorprenderme sobre cómo los fenómenos de la naturaleza se replican en el ámbito empresarial. Es una constatación más de que pertenecemos al reino animal, por mucho que nuestra arrogancia de especie superior pretenda soslayarlo.

 

En biología, la desaparición de una especie puede deberse a los siguientes motivos:

 

– Falta de adaptación al cambio: al producirse un cambio climático por glaciación o por aumento de temperatura, o al desaparecer el alimento básico para la especie.

 

– Genocidio consciente: al cazar y matar a otra especie.

 

– Genocidio inconsciente: al acabar con los recursos alimenticios básicos de otra especie o al transmitirles enfermedades.

 

– Extinción por hibridación: se da cuando una especie muy numerosa convive y se cruza con otra mucho menos numerosa, provocando que esta última, en pocas generaciones, acabe diluyéndose genéticamente en la primera. Creen los científicos que esto fue lo que ocurrió con los Neandertales, una población numéricamente muy inferior a la del Sapiens cuando entraron en contacto. Esto explica que entre un 2% y un 3% de nuestros genes sean Neandertales.

 

Curiosamente, en el mundo de la empresa se dan estos cuatro tipos de desapariciones también, que pueden afectar tanto a sus trabajadores como a la propia empresa:

 

– La falta de adaptación al cambio se produce tanto en jefes como en colaboradores. Dicen los sociólogos que esta es la cualidad que más van a tener que desarrollar los profesionales en los próximos años. Se estima que el 50% de las profesiones que existirán dentro de 20 años todavía no se conocen. Es especialmente dañino que sea el jefe quien no se adapta al cambio, porque hasta que sea sustituido va a estar perjudicando no solo a la empresa, sino a la supervivencia de su equipo por falta de evolución.

 

– El genocidio consciente se produce cuando el ego y los miedos de un jefe le impulsan a desprenderse de los buenos colaboradores. Es el mecanismo más estúpido que existe en el liderazgo, ya que lo que se espera de un jefe no es que él o ella sean los superhéroes de sus departamentos o de sus empresas, sino que sean capaces de generar equipos de alto desempeño. Un jefe prisionero de su ego y de sus miedos no ha entendido que tan solo pasará a los anales de la historia de su empresa si es capaz de generar un equipo excelente.

 

– El genocidio inconsciente lo producen los jefes que no ejercen de tales sino que son meros repartidores de tareas. No gestionan personas sino tan solo asuntos. No aportan visión. No desarrollan a su equipo ni atienden sus necesidades como profesionales. Si en su lugar se pusiera a un robot, nadie notaría el cambio. Los colaboradores con ganas de mejorar pronto buscarán una empresa donde se sientan valorados. Los demás se aletargarán y se convertirán en zombis profesionales, haciendo lo que se les mande sin más. ¡Y así le irá a la empresa!

 

– La extinción por hibridación es el más interesante de los fenómenos de extinción en una empresa. Se produce cuando un jefe –ya sea el director general o un jefe departamental–, cansado de no conseguir la motivación y el compromiso e implicación de su equipo, contrata a un profesional todoterreno, con ímpetu, capaz y con muchas ganas, para que forme parte de su equipo, supla esas carencias e impregne al resto de la fuerza que falta. Es humanamente comprensible que el jefe desesperado sienta la necesidad de realizar esa contratación, pero lamentablemente será cuestión de poco tiempo que el profesional todoterreno deje de serlo. Su ímpetu no encontrará receptividad en el resto del equipo. Se agotará pretendiendo conquistar a una mayoría desmotivada. Pronto reducirá su intensidad, rebajará sus expectativas y se mimetizará con la pasividad predominante. No tiene sentido cultivar en tierra yerma: primero hay que revitalizar el sustrato y crear las condiciones óptimas del terreno.

 

Tan solo nos separan unas cuantas circunvoluciones cerebrales del resto de mamíferos. Nos aportan sofisticación y algunas pocas cosas más.

 

Me entristezco cuando veo cada día cómo los directivos entendemos perfectamente la teoría pero no la practicamos. Aun así mantengo la esperanza en el ser humano... no sé si por optimismo o por ingenuidad.


Te deseo lo mejor.

Fotografía Autor Daniel Sánchez Reina

Socio-Director de E2 Eficiencia Empresarial (www.e2-site.com)
Autor de El mentor (Ed. Almuzara)
Coautor de El dilema del directivo (LID Editorial)

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